Para aquellas mujeres que aun permanecen en la oscuridad de la violencia
EL FINAL DEL CUENTO DE HADAS
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A las Mujeres… Ni con el pétalo de una rosa La ley orgánica sobre el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia estipula la tipificación de 19 delitos, entre los cuales está: la violencia psicológica, sexual, laboral, patrimonial y económica, obstétrica, acceso carnal violento, acoso u hostigamiento y acoso sexual. Aponte: «La Ley no es contra todo los hombres, sino en contra los agresores»
Yudith Castro
Camino al trabajo, montada en un carrito porpuesto de cinco de julio, escuche sin querer la conversación de dos hombres sentados junto a mí en el asiento de atrás. «Mira chico, a la mujer de uno no le podremos decir, ‘ni negro tenéis los ojos’ con la nueva ley que protege a las mujeres. Sí—responde el interlocutor—eso es cierto, el otro día, le dije a mi mujer, Celia pasame la sal, y me ha contestado, se dice por favor, fíjate lo alebrestada que está. ¡Ah¡ y que me dices de la mía; sólo le jalé el pelo porque me molesté por algo que no hizo y me ha dicho que eso es maltrato físico».
La conversación antes expuesta revela la cultura de irrespeto y discriminación hacia los derechos de la mujer arraigado durante años en Venezuela y en el mundo. «La violencia de género—agresión únicamente hacia la mujer sólo por serlo— encuentra sus raíces profundas en las características patriarcal de las sociedades en las que prevalecen estructura de de subordinación y discriminación hacia la mujer que consolida conceptos valores que descalifican sistemáticamente a la mujer, sus actividades y opiniones». (Cita textual de la exposición de motivos de esta ley se expone).
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Yudith Castro 
Con lentes oscuros que cubren los moretones en los ojos, suéter cuello de tortuga y manga larga que tapan las marcas de los correazos en sus brazos, llegan aquellas mujeres que se atreven a denunciar a sus esposos o concubino porque las han golpeado a las distintas dependencias policiales
Esta historia se repite en muchos hogares venezolanos y en el mundo, sin distingo de clase social. Algunas no denuncian esas violaciones a sus derechos por miedo y prefieren vivir durante años aguantando, otras callan para siempre porque han muerto de una paliza que les ha propinado el ser que una vez juro amarla por el resto de sus días.